«Para mí ha sido una de las mejores experiencias de mi vida. Recibes mucho más de lo que das. Esto que lo había oído antes, he podido comprobarlo en mi tiempo en Lamu. La isla es un trocito de paraíso, pero no solo porque cuente con playas maravillosas y una cultura interesantísima, que las tiene; sino por el lado humano de sus gentes que te llega al alma. Creo que es un buen sitio, del que vienes fortalecida en todos los sentidos por la cantidad de cariño, alegría y amor que recibes de las mujeres y de los niños del proyecto, pero también de todas las personas de Lamu.

He aprendido que nuestra sociedad ha perdido mucho en espontaneidad, en adaptación a los cambios, en relativizar los problemas… que, en definitiva, nos hemos acomodado demasiado. Quizás debemos mirar a África para recuperar algunos valores. Y, por supuesto, ¡qué me dure un poquito la filosofía “hakuna matata”!»