“Cuando afrontas un viaje nunca sabes lo que te va a deparar ese destino. Abandonas tu casa para ir a un lugar desconocido. Llevas la maleta llena de ropa, zapatos y otros objetos, pero al poco de llegar, vas descubriendo que no necesitas casi nada más que lo que llevas puesto.

Allí se puede saborear la vida a fuego lento, se puede descubrir la verdadera fuerza de las mujeres, la inocencia de los pequeños, la ilusión de reencontrarse, su capacidad intacta de descubrir y apreciar las cosas desde una perspectiva nueva y divertida, capaces de asombrarse e ilusionarse con cualquier mínimo detalle, esos que a nosotros ya nos pasan totalmente desapercibidos.

Porque vivimos en un mundo lleno de prisas, de “tengo que hacer esto”, de agendas llenas de tareas y obligaciones, pero vacías de autenticidad, de pasiones y de amor.

Nos vemos obligados al “hacer” para “tener” y vamos dejando a un lado la parte más esencial, la parte de “ser”. La necesidad básica que todos tenemos de pertenencia, de tribu y de sentido se van quedando a un lado en nuestra forma de vida ¡y qué imperdonable es esto!

Y quizá, tras afrontar tu viaje y saber un poco de lo que te deparaba ese destino, en algún momento consigues ver que no has abandonado tu casa y que no has ido a un lugar desconocido”