«Y tengo que decirlo, me he enamorado, me he enamorado de la calidad humana que hay en Afrikable, Lamu,. Hay sensaciones que no se pueden explicar, pero voy a intentar que os llegue un poquito de lo mucho que he sentido.

Uno de los mejores momentos está al llegar a la shamba y sentirte en casa, sentir felicidad y paz, sentir energía como para colgarte a 5 ó 6 niños e ir saludando mujer por mujer dando los buenos días, ver llegar de lejos a un niño que viene con los brazos abiertos, sonriendo dejando ver sus 3 dientes y dando pasos torpes pero decididos hacia a ti, que los niños te griten tu nombre desde la otra punta de la shamba y tú te derritas por dentro, que las mujeres vengan a ti y te den su bien más preciado, sus bebés, para que seas tú quien los cuides. Que si pensabas que habías llegado al tope de felicidad mañanera, siempre vendrá una mujer que con darte la mano te toque el corazón, que con la mirada te colmen de cariño.

La isla no da opción al estrés o al ritmo europeo, a los problemas o amarguras, a los lastres que puedes traer, con el «pole pole» y «hakuna matata» te devuelvan los pies a la tierra y te estén diciendo «eh! Que la vida hay que vivirla, que no hay prisa, no hay problema que te quite la sonrisa.»

Si hablamos de cosas importantes en la isla, hablaremos de la música, la llevan en el corazón y en las venas, en cada parte de Afrikable, del poblado orma, del dhow, de las casas, de Lamu, de donde quiera que estés, siempre habrá alguien cantando o haciendo música con cualquier instrumento improvisado. El silencio es un bien preciado pero lo supera lo que te remueven cada vez que cantan.

Irme con Afrikable es la mejor experiencia de mi vida, allí salió mi mejor versión, tres meses en que cada segundo es una vida, en la que disfrutar y dejarse llevar te hará sentirte realmente pleno y feliz.

Escribí esto el año pasado en diciembre volando a España de vuelta, y es emocionante seguir sintiendo lo mismo pero aún más intenso, más fuerte, más profundo, más bonito.»