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Domingo, 03 Septiembre 2017
Publicado en PROYECTOS

En esta investigación he tenido la posibilidad de conocer historias de mujeres valientes que han decidido romper con las reglas machistas y avanzar. Aceptar un trabajo, disponer de su dinero, divorciarse de sus maridos o negarse a que sus hijas sean casadas de forma forzada. Pero también he conocido su contexto y no todo es positivo.

Lamu es una ciudad de reglas culturales muy tradicionales, machistas y con una pobreza económica enorme, al igual que el resto del país, al igual que muchos otros países de África y del resto del mundo. Esto hace que las salidas de las violencias machistas sean muy complejas. En la comisaría de policía llegan alrededor de 4 ó 5 denuncias a la semana sobre este tema, pero casi el 100% se termina en dicho lugar, ya que es la propia policía la que te recomienda hablar con tu marido, o con la autoridad del pueblo, para tratar de solucionarlo y llegar a un acuerdo para “perdonar el primer error”, porque “no vas a meter a tu marido en la cárcel”.

Comisaria policía

Luego, si has roto con tus propios miedos y has conseguido interponer la denuncia y no dejarte convencer por tus padres, amigos o familiares, debes ir al Hospital y pagar unos 10€ para conseguir un certificado médico que valore tus lesiones. Esto puede no impresionar, pero si aquí el salario medio es de 30€, y teniendo en cuenta que la gran mayoría de las mujeres no tienen acceso al mercado laboral, es una cantidad inalcanzable para muchas de ellas.

Pero no todo es negativo, también actualmente Lamu cuenta con una mujer jueza comprometida con los derechos de la mujer, que colabora con asociaciones de mujeres abogadas para facilitar que las mujeres defiendan sus derechos en los juzgados con los mínimos costes posibles. Muchas personas me comentaron antes de hablar con ella lo bien que lo estaba haciendo porque estaba comenzando a condenar con penas graves las violaciones.

Lamu violencias machistas

Y dándole una vuelta a qué es lo más positivo de esta investigación, me quedo con la capacidad de lucha de las mujeres. Cuando dedicas el tiempo a sentarte a su lado y escucharlas, no encuentras a mujeres agotadas de la vida por trabajar todo el día, dentro y fuera de casa, sufriendo todo tipo de violencias y discriminaciones, encuentras a mujeres alegres, risueñas, con muchas ganas de hacerte una broma, de preguntarte cosas de tu ciudad, de aprender y de soñar. Puedes encontrarte a una mujer que, mientras amamanta a su hijo y limpia el suelo, te cuenta que en dos años quiere montar su propio salón de belleza. A otra mujer que, mientras lleva a su hijo al hospital te va contando por el camino que quiere ir ascendiendo para conseguir dinero y hacer una segunda planta en la que ya es su casa, solo su casa y la de sus hijos. Por ello, no son mujeres que se hayan rendido, son mujeres en continua lucha para mejorar sus vidas y la de sus familias.

Para terminar, solo me queda dar las gracias a todas las personas que han hecho posible este proyecto, especialmente a Lola y a Merche por hacerlo realidad, al equipo de coordinadoras y ex coordinadoras que me ha acompañado en este camino y especialmente a las mujeres que han formado parte de este trabajo, por cada mirada, por cada apretón de manos, por cada beso y por compartir de una forma tan pura y tan real su visión de la vida. Ha sido un gran reto realizar una investigación aquí y de este tema, pero siempre habrá sido la mejor decisión de mi vida.

Asante Sana.

Badaee.

 

Autora: Ana Fernández

Domingo, 03 Septiembre 2017
Publicado en PROYECTOS

A pesar de que éste sea el objetivo de mi investigación, es un tema muy difícil de abordar. Para mí, es debido al respeto que me transmiten, me aterra que me vean como una profesora que viene a dar lecciones de moral. Sin embargo, creo que es un tema del que hay que hablar y que hay que abordar sin miedo.

El punto de partida para hablar de las violencias es que no separen la esfera pública de la esfera privada, esto quiere decir que no se traten los casos de violencia como casos “domésticos” que le ocurre a algunas personas en su casa y de lo que no hay que hablar, sino como una consecuencia de que los hombres quieran mantener su posición de poder y que sufrimos socialmente todas las mujeres del mundo.

Por ello, comenzamos hablando de quién tiene el poder. Todas tenemos clara la respuesta, los hombres. Pero, a raíz de que una de las mujeres me contestó en la entrevista que tenían más poder “porque son los que traen la comida”, me pareció necesario hablar de que antiguamente la superioridad de los hombres se adquiría porque luchaban las guerras, cazaban, trabajaban, etc. Pero que actualmente ese poder es debido a la tradición, no a la situación real de muchas de ellas. Ya que son las que trabajan, las que llevan la casa, son las protagonistas de esta nueva realidad, en las que hombres y mujeres trabajan, pero que los hombres siguen teniendo más poder.

Y, una vez que conseguimos un acuerdo sobre ello, me atrevo a empezar a hablar de violencias. Pero para hablar de violencia primero tenemos que hablar de que entendemos por violencia. Las mujeres comienzan a hablar de distintos tipos de violencia: es violencia quitarte todo el dinero y no dejarte ni para medicinas, es violencia pegarte, es violencia obligarte a hacer todas las cosas de la casa y amenazarte con pegarte si no lo haces, etc.

Violencias machistas 01

Y a partir de ahí, comenzamos a ver uno a uno los tipos de violencia. Comenzamos por la violencia física, qué es y quién la sufre. Cuando pregunto si todos los hombres usan la violencia, algunas contestan que todos y otras que la mayoría. Uno de los momentos más duros fue cuando decidimos preguntar al contrario ¿Quién ha sufrido violencia física? y comienzan todas a levantar la mano hasta que una de ellas aclara, todas hemos sufrido violencia física.

Es muy alentador ver cómo algunas mujeres reclamaban a otras de la misma tribu que hablaran, que no se quedaran calladas, que luego iba a ser demasiado tarde. Aproveché para contar que en España ocurría lo mismo, que se decía que estas cosas debían solucionarse en casa, con esas frase de “los trapos sucios se lavan en casa”, y que es, desde hace muy pocos años, cuando se está empezando a conseguir que la gente no lo acepte como algo cotidiano, sino que se comience a criticar y a tomar medidas, al menos contra la violencia física.

El problema es que, cuando hablamos de España, se imaginan un lugar con muchos recursos, con muchas posibilidades, y es cierto que, comparado con su situación, puede que lo sea. Sin embargo, ellas ven como algo muy difícil salir de la situación de violencia en la que tienen que romper las reglas religiosas, culturales, morales y económicas para decidir denunciar y empezar una nueva vida.

Un tema muy complejo fue abordar la violencia sexual y decirles que es violencia el tener que practicar sexo, incluso con sus maridos, si no es su voluntad. Es muy difícil abordar este tema, en España se comienza a hablar desde hace muy poco con las campañas de NO es No, pero creo que el hecho de que lo escuchen al menos pone una de las primeras piedras en los cimientos del cambio. Cuando hablamos de sexualidad muchas se ríen y otras comienzan a hacer bromas sobre cómo pueden evitar tener sexo con sus maridos cuando no quieran. Al final, acaban diciendo que lo que tienen que hacer es defenderse y cuando les comento que nosotras en la Universidad estamos empezando a hacer clases de defensa personal, me piden aprender a defenderse. Todo es entre bromas y miradas cómplices, pero el paso está dado, saben que está mal, saben que su falta de poder no les permite ahora mismo librar esa batalla, pero quieren defenderse en un futuro.

Otro de los temas complejos fue la violencia económica. Como he dicho al principio, algunas diagnosticaron como una forma de violencia el negar el derecho a disponer de su propio sueldo. Pero luego, cuando hablamos del salario, muchas reconocieron que sus maridos tienen sus números de cuenta y que consiguen ocultarle algunas partes del dinero, pero no en su mayoría. A partir de ese momento, comienza un debate entre ellas muy interesante sobre que deberían hacer, si está bien o mal que ellos lo sepan, y cómo consiguen algunas poder disponer de su propio sueldo. La imagen de esos minutos no podría describir mejor lo que es creación de redes de apoyo mujeres.

Violencias machistas 02

Podría contar palabra a palabra de cómo se fue desarrollando todo y no podría transmitir la fuerza que sentí en esa sala. Las mujeres nos escucharon, entendieron el mensaje y estaban dispuestas a hablar, eso fue un regalo que me acompañará toda la vida.

El cambio no será de hoy para mañana, el cambio será pole pole, piedra a piedra. No tengo ninguna duda de que estas mujeres valientes que han sufrido todo tipo de violencias a lo largo de su vida son unas resilientes, saben lo que han pasado y no lo quieren para sus hijas. Esto hará que vayan transmitiendo otro tipo de valores que irán produciendo el cambio hacia una sociedad más igualitaria.

 

Autora: Ana Fernández

Domingo, 03 Septiembre 2017
Publicado en PROYECTOS

¿Qué es trabajo? Desde la Revolución Industrial en Europa entendemos el trabajo como aquel que se realiza fuera de casa y por el que consigues un sueldo. Sin embargo, esto deja fuera de considerar trabajo el cuidado de los niños, de la casa, del ganado, del huerto y todos aquellos trabajos por los que no se consigue dinero.

Esta diferencia puede tener sentido en España, donde ya hay una diferencia entre la oficina y la casa. Sin embargo, esta diferencia en las mujeres de Kenia no tiene ningún sentido. Aquí todo es trabajo. Las mujeres del proyecto se levantan entre las 5 y las 6 de la mañana, comienzan a limpiar la casa, a cocinar el desayuno y la comida, preparan a sus hijos e hijas para el cole y salen hacia el proyecto. Aquí, comienzan a trabajar desde las 8 de la mañana y hasta las 5 de la tarde y durante todo ese tiempo también alimentan a sus bebes, comen con sus amigas… todo forma parte de una rutina, que puede parecer caótica en un primer vistazo, pero que se convierte en una forma de conciliación muy coherente que hemos perdido hace mucho tiempo en el mundo occidental.

Sin embargo, el horario de estas mujeres no acaba a las 5 de la tarde, cuando vuelven a casa se le siguen acumulando las tareas, como ir a por el agua, preparar la cena o alimentar a los animales. Lo mismo ocurre cuando le preguntas por el fin de semana y te dicen con una sonrisa que muy bien y lo siguiente que hacen es hacerte el gesto de lavar la ropa, ya que esa tarea les ha ocupado la mayor parte del fin de semana.

Por tanto, reflexionando sobre ello, no es el tener un trabajo lo que marca la diferencia en Afrikable, porque trabajan siempre, es el derecho a tener un salario todos los meses lo que les ha cambiado la vida. En las entrevistas, cuando se les preguntó en qué te ha cambiado la vida este proyecto, no lo dudaron ni un momento: “Ahora soy más libre por mi independencia económica. Puedo pagarle la educación a mis hijos y a mis hijas, puedo comprar comida y medicinas y, sobre todo, puedo elegir como gastar el dinero sin depender de mi marido”.

Dignificar el trabajo 01

Esta independencia, sin embargo, es relativa. A pesar de recibir el salario, muchas mujeres necesitan usar todas las estrategias posibles para disponer libremente de su dinero. He vivido como una conquista que reconozcan su derecho a disponer de ese dinero, que es violencia machista el que sus maridos no les permitan comprar cosas necesarias. Uno de mis momentos preferidos de las entrevistas fue cuando las mujeres me comentaron como se apoyan entre ellas para conseguir disponer de su dinero, como una verdadera guerra de guerrillas hacia el empoderamiento económico.

Lo que es completamente cierto es que tener un salario a final de mes les otorga un respeto frente a sus maridos que no tenían antes, ellos tienen que respetar sus horarios de trabajo, las reglas de la ONGD y muchos dependen económicamente de ellas, las convierte en el motor económico de la familia. Esto les ayuda a sentirse más realizadas, a que se le reconozca su trabajo, en el que caso de que ello no ocurra, puedan soñar con otra vida, si es necesario.

 

Autora: Ana Fernández

Domingo, 03 Septiembre 2017
Publicado en PROYECTOS

Cuando hablo de educación siento un especial respeto ya que mis padres son ambos de este sector y por tanto es la profesión que más he vivido. Pero antes de empezar, me gustaría hacer una reflexión sobre qué es educación. Se puede entender como haber terminado unos estudios básicos o unos estudios universitarios, pero según como yo lo entiendo es tener unos valores y una integridad que te permitan respetar a las personas y hacerles la vida más fácil.

Son 6 las mujeres del proyecto que han finalizado los estudios de secundaria, ninguna de ella tiene estudios universitarios, y una amplia mayoría no aprendieron ni a leer ni a escribir durante el tiempo que fueron a Primaria. Los motivos de este abandono escolar han sido la falta de capacidad económica, unida a una cultura machista que orienta a las mujeres a casarse jóvenes y dedicarse al hogar. No ha pasado tanto tiempo como para olvidar que en España hace unos años, si había que elegir quién podía estudiar en la familia, las niñas ya podían empezar a ponerse el delantal, porque no iban a ser ellas.

En Kenia la educación es cara, la primaria comienza a ser accesible, pero la secundaria es un privilegio que muchas familias no pueden mantener. Por tanto, aquí la educación marca en gran medida las diferencias de clase social.

Pero, ¿el no haber estudiado las convierte en personas sin educación? No. Aquí encuentras a las mujeres con más integridad que nunca he conocido. Trabajan todas juntas codo con codo, con sus diferencias étnicas, religiosas, familiares, y lo hacen de la forma más respetuosas que he visto. Se conocen, se escuchan y se cuidan las unas a las otras como una gran familia. Así como también muestran respeto y educación con las personas voluntarias que vienen cada mes de un contexto muy diferente, dedicando el tiempo a conocerlas, a dedicarles sus sonrisas, escuchar sus historias, aceptan sus formas de hacer las cosas y las cuidan también.

Y sobre su visión de la educación, todas conocen la importancia que tiene estudiar y esperan que sus menores no tengan que abandonar los estudios como ellas. Cuando les preguntas qué quieren en un futuro, una amplia mayoría contesta que educación para sus hijos e hijas. Eso es una gran victoria, ellas no han podido, pero eso no les ha impedido ver como sus hermanos, sus primos u otros conocidos que sí consiguieron estudiar han tenido otras oportunidades de futuro, que quieren ahora para sus hijos e hijas.

Otra pregunta de la entrevista era si consideraban que eran más inteligentes las niñas o los niños, y la mayoría considera que las niñas. Pero no porque sean más o menos listas, sino porque son conscientes de que las mujeres tienen menos oportunidades. Saben que si no son buenas en los estudios y no los terminan, tienen menos argumentos para negarse a casarse, y esto las hace ser mejores estudiantes.

Aprender en igualdad 01

En la misma línea, cuando hicimos la charla con las adolescentes, todas ellas dijeron que querían terminar sus estudios y ejercer una profesión, desde piloto a doctora, pero ejercer una profesión. Los hombres tienen más posibilidades de encontrar trabajo sin tener una formación, trabajando en el mar, en la construcción, en seguridad, etc. Sin embargo, las posibilidades de las mujeres sin estudios son muchos más reducidas.

Esta fe en la educación no quiere decir que esto esté exento de actitudes machistas. Por ejemplo, que en clase se pregunte quien es el cabeza de familia y la respuesta correcta sea el padre. O que si hay que elegir a quien pagar las clases de refuerzo en una familia, se siga eligiendo a los chicos por encima de las chicas para que ellas puedan salir antes de clase y ayudar a sus madres. Pero el cambio es pole pole, paso a paso.

Como conclusión, me quedo con las palabras de una joven en cuya entrevista dice que confía en que la educación sea la herramienta para que los jóvenes entiendan que somos iguales mujeres y hombres, que las mujeres no somos burros, y que no pueden usar la fuerza contra nosotras. En España estamos perdiendo esta confianza en la educación como instrumento de cambio y vemos como las nuevas leyes que quieren conseguir la igualdad se olvidan de reforzar la educación, por ello me ilusiona como ellas, desde una sociedad completamente diferente, sin haber tenido la oportunidad de acceder a ella, saben que tener una educación supone tener o no tener un futuro diferente.

 

Autora: Ana Fernández

Domingo, 03 Septiembre 2017
Publicado en PROYECTOS

Este año he realizado el Máster de Género e Igualdad en la Universidad Pablo de Olavide en Sevilla y cuando tuve que elegir sobre que realizar el Trabajo Fin de Máster no dude en centrarme en un lugar que ya formaba parte de mi vida, Afrikable, y en las mujeres que más he admirado nunca, las mujeres de este proyecto.

Este trabajo se centra en valorar si el empoderamiento económico y la creación de redes de apoyo de mujeres es una buena salida frente a las violencias machistas. Para ello, he ido acercándome a las reformas legislativas, conociendo los recursos públicos que tienen las mujeres de esta isla, ponderando qué papel juegan las diferencias étnicas, culturales o religiosas entre las mujeres que forman parte del proyecto y escuchando cuáles son las estrategias que tienen las mujeres actualmente para resistir y salir de las situaciones de violencia.

Podría tratar de buscar la información por internet y llenar el proyecto de datos oficiales nacionales e internacionales, argumentando que Kenia esta en el puesto 135 de 159 países en el Índice de Desigualdad de Género publicado por Naciones Unidas o que según datos nacionales, más del 44% de las mujeres sufren violencia física a lo largo de su vida. Pero, según mi forma de ver la vida, ese trabajo estaría vacío de significado porque carecería de la esencia, que es escuchar a las protagonistas, a las mujeres indígenas de Lamu que sufren Violencias Machistas y que llevan resistiendo las mismas durante toda la Historia.

Por eso, en los meses de Junio y Julio he realizado una investigación gracias a la oportunidad que me ha dado Afrikable para buscar estas respuestas. En la misma, he realizado entrevistas en profundidad a las mujeres que forman parte del proyecto, entrevistas a las mujeres que lo han coordinado en los últimos años, he conocido de primera mano los recursos públicos que existen, tanto el sistema judicial, como el sistema sanitario, y también he realizado charlas sobre los Derechos de las Mujeres y sobre las Violencias Machistas a las trabajadoras de Afrikable, esta última también la realizamos con los y las adolescentes.

Sonrisas infinitas 01

A pesar del reto de cambiar de continente y completamente de contexto, ha sido muy fácil acercarme a ellas, hablar con ellas, escucharlas y aprender, sobretodo aprender. Tenía mucho miedo de parecer una colonizadora 2.0 que se atreve a venir aquí a decir que está bien y que está mal en base a mis parámetros occidentales y de acuerdo con los recursos públicos que tengo en mi país, que no son muchos, pero sí existentes. Pero mi objetivo era todo lo contrario, he acudido a Afrikable porque ya fui vacacionera en el año 2015 y tuve el placer de conocer ya a las heroínas que dan forma y sentido a este proyecto. He venido a recoger sus testimonios porque creo en el valor que pueden tener para muchas otras mujeres.

En las siguientes entradas trataré de compartir las conclusiones de esta investigación, centrándome especialmente en la Educación, en cómo el nivel educativo influye a la relación de igualdad en el matrimonio, en el Trabajo, en cómo desarrollar una profesión otorga un empoderamiento económico a las mujeres, y en las Violencias Machistas, tanto en mis conclusiones tras las entrevistas y las charlas, como un post especial sobre la Charla de Violencias Machistas.

Espero que sirva para acercarnos a la realidad de estas mujeres, protagonistas de Afrikable. Yo me llevo la experiencia de haberme acercado a otra realidad y haber compartido con estas mujeres momentos que no tienen precio, me llevo su sabiduría para resistir a las situaciones más difíciles y su espíritu luchador hacia el cambio.

 

Autora: Ana Fernández

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SOBRE AFRIKABLE

Afrikable es una organización sin animo de lucro española, inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones con número 1/1/594088 y en el Registro de Organizaciones no Gubernamentales de Desarrollo de la Agencia Española de Cooperación Internacional al Desarrollo (AECID) con número 2033.

 

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